SALTA (Por Ernesto Bisceglia para Voces Críticas) Asistimos a otro lamentable acto fallido protagonizado por la gestión de Rita Guevara en Cafayate. Un episodio grotesco y burdo que profundiza la crisis que vive esa hermosa ciudad y sus vecinos. Por tratarse de una gestión que despreció todo asesoramiento válido y se amojonó en su propia mediocridad y limitaciones, no existe un proyecto político para Cafayate: todo es espasmódico, improvisado y, finalmente, inútil.

Alguna de las «mentes brillantes» que medran alrededor de la intendenta Guevara consideró una idea magistral celebrar la «Serenata de Invierno»: durante un fin de semana, en el emblemático predio de la Bodega Encantada, artistas locales animarían las jornadas con patio de comidas y bebidas. Hay que reconocer que la idea no es mala; el problema está en la falta de preparación intelectual y experiencia para afrontar un evento semejante.

En la febril imaginación de quien pergeñó esa singular propuesta parece haber incidido aquel viejo dicho criollo que señala que «con la boca y el dedo se hace un potrero», y la lumen en cuestión se lanzó a los medios a convocar a que «todos los artistas vengan a tocar y danzar», pero ad honorem.

El resultado no podía ser otro: un fracaso rotundo antes siquiera de comenzar a barrer el predio.

Todas las ideas son buenas, pero aquí viene el dato político: «Se conversó con la señora intendenta y estuvo de acuerdo». ¿Cómo es posible que una intendenta con tres Serenatas a Cafayate «en el lomo», con la experiencia de lo que significa organizar semejante movida, no haya advertido que esto era un viaje en canoa hacia la catarata? Más allá, claro está, de que todas esas ediciones de la Serenata a Cafayate todavía no tienen claras sus cuentas finales y terminaron en una denuncia penal. Pero eso es apenas un detalle.

Entre los fundamentos de esta iniciativa se dijo que era para promocionar el turismo en Cafayate y lograr el «pernote» —no sabemos qué es eso— de los visitantes en la ciudad. Entonces nos preguntamos: ¿para qué hicieron durante meses reuniones multitudinarias con el Consejo Municipal de Turismo (o como se haya llamado)? ¿No los consultaron antes de lanzarse a esto sin paracaídas? Este fracaso arrastra no solo el crédito de la gestión municipal, sino también ese intento de consolidar un grupo empresario que favorezca el turismo cafayateño.

En resumen, otro papelón más al máximo nivel de la «gestión» Guevara, que demuestra que Cafayate ha perdido cuatro años de historia, lo cual, en términos de vida institucional, es muchísimo.

Se nos ocurre aportar algunas ideas para mejorar el «pernote» turístico. Por ejemplo, organizar carreras de embolsados en la cuadra de la Municipalidad o colocar quioscos en la plaza central con el juego «Péguele al negro», para tirar pelotas de trapo. Aquí podrían oficiar de «negro» algunos funcionarios del gabinete. O también «Colóquele la cola al burro», en cuyo caso no nos animamos a sugerir quién oficiaría de asno para este juego. Como atractivo, se podría ofrecer «interesantes premios al turista ganador», como, por ejemplo, un pedazo de tronco quemado del incendio, barnizado y con la inscripción «Recuerdo de Cafayate»; «Llevate una foto con la intendenta» —eso le gusta mucho a la alcaldesa—; o, por fin, «El ganador tocará la campana de la Catedral», con una indulgencia plenaria, claro.

Voces Críticas