SALTA (Por Franco Alvarado para Voces Críticas) Las recientes declaraciones del diputado por Rosario de la Frontera, Gustavo Orozco, donde señala que el intendente de Tartagal, Franco Hernández Berni, tiene “la cara quebrada”, nos remiten a un escenario verdaderamente cinematográfico, haciéndonos recordar aquel clásico protagonizado por Al Pacino: Scarface (Cara Cortada).

Claro, los tiempos cambian y, en otras épocas, los hampones tenían cierta dignidad estética. Vestían trajes de raya diplomática, fumaban habanos, hablaban poco y, cuando había que ajustar cuentas, dejaban una cabeza de caballo sobre la cama. Eran criminales, sí, pero con departamento de marketing.

Después apareció Scarface (Cara Cortada). Tony Montana nos enseñó que la cocaína, las ametralladoras y las mansiones eran incompatibles con una muerte tranquila. Al protagonista le quedó la cara cortada. Era una cicatriz con glamour cinematográfico.

No sabemos si esto es una película de mafiosos o una sesión permanente del Concejo Deliberante. La diferencia es que, en el cine, al final aparecen los créditos. En la política norteña, lo único que aparece son las acusaciones y los abogados.

Lo verdaderamente curioso es que ya nadie discute sobre cloacas, pavimento o iluminación. Las conferencias parecen concursos para ver quién menciona primero la palabra «narcotráfico». Es el nuevo comodín de la política provincial: antes se acusaban de inútiles; ahora directamente se arrojan carteles de «narco» de una vereda a la otra.

Con esta situación, el vecino tartagalense debe estar extrañando aquellos tiempos en que un escándalo municipal consistía en que el intendente había comprado una camioneta demasiado cara. O adquiría delikatessen gastronómicas para su hogar con cargo al municipio. Eran épocas sencillas. Hoy los argumentos incluyen organizaciones criminales, investigaciones federales, quirófanos, huesos quebrados y declaraciones que parecen escritas por el guionista de El Padrino IV.

Lo más extraordinario es que ninguno de los protagonistas parece advertir el daño que le hacen al propio norte salteño. Mientras medio país intenta vender paisajes, turismo e inversiones, Tartagal ofrece una serie policial en capítulos semanales.

Quizás el verdadero problema no sea quién tiene razón, sino que hace rato dejaron de hablar como dirigentes y comenzaron a hablar como personajes.

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