SALTA (Por Ernesto Bisceglia para Voces Críticas) La evolución de las comarcas estuvo dada por la aparición y sucesivo crecimiento de sus instituciones que sostienen y regulan aquello que llamamos gobierno. Cuando en un sitio el gobierno se deteriora hasta el punto de casi desaparecer, ese lugar deja de ser un Estado —municipal en este caso— y solo es un territorio, un pedazo de tierra con habitantes encima.
Los incas, que supieron conquistar todo ese espacio geográfico calchaquí, tenían para el ejercicio del gobierno tres principios: “No robes, no mientas, no seas perezoso”. Porque cuando se roba —ya lo dijimos— no se roba algo, siempre se le roba a alguien. Cuando se miente, se defrauda la confianza pública. Y la pereza, que es considerada “la madre de todos los vicios”, acuna en su seno a las dos categorías anteriores.
La claridad en las cuentas públicas es una cuestión más que delicada. Ya Julio César supo decir: “La mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo”. Entonces, cuando un gobierno presenta consecutivamente cuadros de resultados que precisamente “no cuadran”, se ha perdido el crédito que otorga “parecer honesto”. Y cuando, de resultas de esos números desprolijos, finalmente se termina con una denuncia ante la Justicia penal, entonces la carga de la prueba de que no se tocó ni un centavo recae necesariamente en ese gobierno.
Por fin, está la cuestión de la pereza. Y aquí hemos de distinguir la pereza del razonar lento. La pereza es, primariamente, un pecado capital; una procrastinación permanente, que en el caso de la Reserva Calchaquí de Cafayate tiene un agravante: la pereza como condición personal destruye a la persona que la practica; pero la pereza al frente de un gobierno arrastra a miles de vecinos al atraso y la postergación.
Ahora bien, respecto del razonar lento, el caso es de estudiar, porque puede tanto ser una estrategia calibrada para dejar de hacer y pasar, como una ineptitud mental, en cuyo caso es más grave porque entonces el gobierno del poblado estaría en manos de “minus habens”, lo cual se convierte en un peligro para los vecinos.
Finalmente, el lector se estará preguntando por qué “Reserva Calchaquí de Cafateya”; y lo explicamos de esta manera: desmenuzando el concepto, digamos que “Calchaquí” porque es el fenotipo originario de la zona y “Reserva”, porque una ciudad que se hunde en el retraso, en la duda por la claridad de los números, en la falta de obras, de incentivos a su mayor capital, que es el turismo, daña la calidad de ciudadanos de los habitantes y los convierte en meros ocupantes reducidos a vivir en un territorio donde únicamente permanecen, nada más.
Rogaremos a los “Apus” que habitan en las montañas que infundan la sabiduría que necesitarán los valientes que se atrevan a intentar resucitar semejante muerto que van a dejar.
Por Ernesto Bisceglia.
