SALTA (Redacción Voces Críticas) Hay viajes que requieren valija. Otros, pasaporte. Y algunos, aparentemente, ni siquiera requieren permiso del Concejo Deliberante. Viene siendo el caso del intendente de Tartagal, Franco Hernández Berni, quien habría abandonado el territorio nacional el pasado 23 de agosto, a las 19:19, cruzando por Salvador Mazza hacia Yacuiba y, desde allí, sabe Dios adónde.
Hasta ahí, un ciudadano cualquiera puede viajar cuando quiera. El pequeño detalle —ese que suele arruinar una buena excursión— es que quien ocupa la intendencia de una ciudad no es exactamente un turista cualquiera, ni puede armar las valijas y ausentarse así nomás.
Según la información que trascendió, Hernández Berni habría salido del país sin haber solicitado previamente autorización al Concejo Deliberante y sin que se produjera una sucesión institucional de la Intendencia, de donde la cuestión deja de ser turística para convertirse en institucional.
En ese punto, la respuesta se complica.

El itinerario posterior a la salida del país es materia de reconstrucción y deberá ser confirmado: desde Yacuiba podría haberse dirigido hacia Santa Cruz de la Sierra y, desde allí, eventualmente continuar viaje mediante conexiones internacionales. Incluso se menciona México como posible destino final.
Porque la institucionalidad tiene esas desagradables costumbres de exigir procedimientos, reemplazos, autorizaciones y esas cosas antiguas que algunos políticos descubren recién cuando alguien se las recuerda.
Si un intendente sale del país sin autorización del Concejo Deliberante y sin dejar formalmente establecida la sucesión correspondiente, el asunto merece una explicación inmediata. No dentro de quince días. No cuando regrese bronceado, sino ahora mismo.

