La operación de venta de la participación estatal en Transener quedó en el centro de la polémica tras revelarse los movimientos financieros ejecutados inmediatamente después del traspaso de manos, y otra vez con los hermanos Neuss en la mira.
Con el cambio de directorio consumado, la transportadora eléctrica aprobó distribuir $253.535.989.514 en efectivo entre los nuevos dueños.
La secuencia quedó plasmada en los registros de la Comisión Nacional de Valores (CNV): el 27 de agosto se resolvió la desafectación parcial de la cuenta de reserva destinada a dividendos, y al día siguiente, el 28 de agosto, Genneia comunicó que se había formalizado la transferencia de la participación de Enarsa en Citelec a favor de Transmisión Eléctrica SA, el vehículo societario controlado por Genneia y Edison Transmisión (de los hermanos Neuss).
El meollo del escándalo radica en la discusión sobre el precio al que el Estado se desprendió de un activo clave. Especialistas del sector advierten que, si dentro de la compañía existían cientos de miles de millones de pesos disponibles para repartir, esa caja formaba parte del valor económico real del activo al momento de la venta, lo que facilitó que los compradores recuperaran rápidamente una parte significativa de la inversión con el patrimonio de la firma adquirida.
