SALTA (Por Franco Alvarado para Voces Críticas) Hay momentos en la vida política en los que uno debería hablar y hay otros en los que sería bastante más saludable mostrar los papeles. En el caso del intendente de Tartagal, Franco Hernández Berni, parece haber elegido una tercera posibilidad: hablar mucho, ironizar un poco y, de paso, tratar de que la conversación termine hablando de cualquier cosa menos de aquello que originó la pregunta.

La polémica por sus viajes y sus ausencias de Tartagal ya dejó de ser una cuestión turística. La propia discusión pública terminó instalada alrededor de una pregunta bastante sencilla: ¿dónde estuvo el intendente y bajo qué condiciones institucionales se ausentó de la ciudad?

Frente a eso, Hernández Berni salió a los medios mostrando el viejo recurso de la política argentina: cuando la explicación propia viene complicada, siempre es posible buscar un culpable ajeno.

El problema de esta estrategia es bastante elemental: culpar al adversario no explica los propios actos.
Si un intendente es cuestionado por sus ausencias, no necesita construir una teoría conspirativa; necesita explicar cuestiones elementales como cuándo salió, por dónde, adónde fue, con qué motivo y similares.

No hace falta convocar a Freud ni a Sherlock Holmes, menos todavía a Mario Mimessi. Porque la transparencia tiene una característica extraordinaria: cuando existe documentación, suele ser bastante más rápida que una conferencia de prensa.

Y aquí aparece otro detalle curioso. La reacción del intendente parece revelar una preocupación considerable por controlar el relato. En los últimos días salió a responder públicamente, mientras desde la oposición se le reclamaban explicaciones sobre sus ausencias. La concejal Margarita “Marga” Rauch, por ejemplo, cuestionó que no se informaran adecuadamente los viajes y sostuvo que el intendente incluso habría utilizado publicaciones anteriores para construir una imagen de presencia en Tartagal.

Porque cuando la máscara cae, lo peor que puede hacer un político es correr detrás de ella para intentar volver a ponérsela. Y aquí conviene hacer una aclaración: que existan denuncias, versiones o cuestionamientos no significa automáticamente que todas las acusaciones sean ciertas. Precisamente por eso hay instituciones: para investigar, pedir informes, controlar y determinar responsabilidades.

Pero hay algo que sí corresponde exigirle a cualquier intendente y que se llama claridad de procedimientos.

Hay que largar un poco el micrófono y la cámara porque un intendente no es un influencer ni administra una cuenta de Instagram. La política es presencial, no se gobierna mediante videos y, por lo tanto, no puede pretender que la comunicación sustituya a la administración.

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