El modelo no cierra por ningún lado. En poco más de dos años el plan de Javier Milei y Luis Caputo destruyó más de 330 mil puestos de trabajo formales, provocó el cierre de 30 mil empresas, disparó a niveles récord la morosidad entre las familias que se ven obligadas a recurrir al endeudamiento para llegar a fin de mes. En ese camino la imagen de Milei se derrumba en las encuestas y, muy lejos del relato triunfalista que desde la Casa Rosada intenta instalar por todos los medios, su reelección no está garantizada. Frente a ello, el líder libertario apeló al viejo manual del chauvinismo y echó mano de la causa Malvinas.

«Cualquier avance sobre las Islas Malvinas será considerado un falta contra la Seguridad Nacional», advirtió el mandatario libertario y, desconociendo que Malvinas ya es hace mucho tiempo una causa común y transversal, aseguró: «a todos los argentinos y a la política, queremos transmitirles que podemos discutir muchas cosas pero este tema demanda una pausa para moostrar un frente unido de cara al mundo y a la sociedad. Quiero invitar a toda la dirigencia politica a sumarse como una misma voz a este reclamo, que es justo, porque las islas son nuestras y nos la arrebataron».

Así, Milei llamó a «convertimos en una gran Nación que defiende nuestra soberanía».

Se trata de un giro copermicano en la postura del gobierno de Milei frente a la causa Malvinas. Enancado en el reverdecer del reclamo que se vivió tras el partido de Argentina frente a Inglaterra en el Mundial 2026 y la imagen de los jugadores de la Selección con una bandera que una vez más advertía que no se trataba de un partido más, el gobierno libertario se subió rápido al tren al que nunca había querido subirse.

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