El momento era delicado, la idea era una apuesta fuerte y Anto decidió lanzarse a la aventura de abrir en la provincia de Buenos Aires un local de ropa de talles diversos: cuatro años más tarde, la crisis económica encogió tanto su margen de ganancia que anunció el cierre de la tienda física en Pilar para dedicarse exclusivamente al comercio digital.

La premisa, sencilla, era -y sigue siendo- ofrecer ropa moderna para todos los talles, rechazando el tamaño «único» que beneficia a la producción industrial pero niega la individualidad de los cuerpos.

La idea prendió, y la emprendedora posó en Instagram con sus modelos durante cuatro años, primero en Escobar y luego también desde el local sobre la calle Tucumán 641, cerca del centro de Pilar.

«Mi panorama no era fácil y lo más cómodo era no intentarlo poniendo todas las excusas que tenía en contra. Pero confíen en ustedes, nunca en la vida dejen de hacerlo porque pueden lograr todo lo que se propongan. Y aunque a veces no se vea nada positivo, insistan, inténtenlo, ¡yo les juro que van a poder!», comentaba en 2024, al cumplirse 2 años de su emprendimiento.

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