El escándalo por las declaraciones de Mario Massaccesi sobre la supuesta espiritualidad de Jorge Rafael Videla no deja de sumar repercusiones. Más allá del repudio que generó su intento de encontrar humanidad en el máximo responsable del terrorismo de Estado, una frase del conductor encendió las alarmas por su peso simbólico e histórico.
En el diálogo con Mario Pergolini, luego de anticipar que prepara un documental sobre facetas desconocidas del genocida y aclarar que eso no lo convierte en «un buen presidente», Massaccesi intentó profundizar en su mirada sobre las conductas individuales apelando a una llamativa ponderación:
«El mundo está como está no porque los malos hayan hecho mucho, sino porque los buenos no hemos hecho lo suficiente. Y yo creo que ir al lugar de lo mejor que tenemos, la generosidad, la empatía, el servicio a los demás, el silencio, el silencio que es maravilloso… bueno, ahí hay mucho por explorar y hay mucho por poner en práctica», argumentó el periodista.
La enfática reivindicación del silencio, manifestada en directa sintonía con la justificación discursiva de una figura como Videla, no tardó en despertar inmediatas comparaciones con los códigos discursivos y mandatos represivos que rigieron a la sociedad argentina durante la época más oscura del país.
