SALTA (Redacción Voces Críticas) El tradicional Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral Basílica de Salta se transformó en el escenario de un profundo y crítico pronunciamiento de la Iglesia católica sobre la realidad social y política del país. Monseñor Mario Cargnello encabezó la homilía con un discurso de alto voltaje humano y político, donde exigió poner fin a los personalismos y enfocar la gestión pública en las necesidades reales de los ciudadanos.
La ceremonia patria, sin embargo, llamó la atención por un fuerte vacío institucional: registró la ausencia del gobernador Gustavo Sáenz, del vicegobernador y del intendente capitalino. El gabinete provincial estuvo representado casi en soledad por la ministra de Educación, Cristina Fiore.
En ese marco despojado de primeras líneas políticas, el arzobispo de Salta no esquivó los temas más sensibles de la coyuntura y planteó que la Argentina enfrenta una disyuntiva clave: «Una Nación concebida desde la lógica del poder de quien se siente dueño del destino colectivo, o una sociedad organizada desde la dignidad de las personas».
Frente a los fieles y los pocos funcionarios presentes, Cargnello recordó el carácter efímero de las funciones públicas y los liderazgos. “Todo pasa”, sentenció el religioso, aclarando que esta premisa corre tanto para los dirigentes políticos como para las jerarquías eclesiásticas. Definió a las responsabilidades institucionales como una oportunidad otorgada para beneficiar a la comunidad y advirtió que gobernar es una tarea colectiva que no admite proyectos individuales.
Haciendo eco de las encíclicas y los conceptos globales del papa Francisco, el arzobispo salteño colocó al bien común como el motor que debe ordenar la convivencia democrática. Bajo esta mirada, argumentó que la meta urgente del país debe ser el diseño de un entorno donde cada habitante cuente con las herramientas necesarias para desarrollarse tanto en lo personal como en lo comunitario.
