ARGENTINA (Redacción Voces Críticas) El Poder Ejecutivo comenzó a trazar los primeros bosquejos de lo que podría ser la recepción de la delegación argentina una vez concluido el certamen ecuménico. En este marco, las autoridades federales abrieron canales de diálogo con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para delinear esquemas de seguridad y ordenamiento urbano, previendo una movilización masiva de hinchas hacia los puntos neurálgicos de la capital.

Uno de los principales interrogantes que definirá el rumbo del operativo es la terminal aérea elegida para el arribo de los jugadores. Si el chárter aterriza en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Policía de la Provincia de Buenos Aires deberán coordinar la custodia del trayecto inicial por territorio bonaerense. En cambio, si se opta por Aeroparque Jorge Newbery, el dispositivo se concentrará bajo la órbita porteña.

La planificación de los festejos oficiales se topa con un frente complejo: la tirante relación que mantiene la Casa Rosada con el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia. Los cruces de los últimos meses, acentuados por las auditorías de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) sobre la entidad de la calle Viamonte, congelaron los puentes habituales de diálogo. En el plano gubernamental reconocen que la falta de fluidez en los contactos podría dilatar la propuesta formal al plantel, aunque insisten en que los aspectos vinculados a la seguridad pública están por encima de las diferencias dirigenciales.

Frente a este escenario, la orden impartida desde la cúspide del Ejecutivo busca despolitizar por completo la eventual celebración. El presidente Javier Milei instruyó a su gabinete que, en caso de que los futbolistas accedan a saludar a la multitud desde el balcón de la Casa de Gobierno, ningún funcionario o dirigente político de la administración nacional se haga presente en el edificio. La intención oficial es que el protagonismo recaiga de forma exclusiva en el plantel y que la seguridad del palacio quede bajo custodia estricta de la Casa Militar, evitando cualquier tipo de utilización partidaria.

De esta manera, el oficialismo intenta anticiparse a cualquier eventualidad para asegurar que la jornada transcurra de forma pacífica, siempre supeditada a la última palabra de los propios futbolistas de la Selección. Informa Voces Críticas

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