SALTA (Por Julio Casanova para Voces Críticas) Desde el aire, Tartagal parece una ciudad apacible. Las copas rosadas de los lapachos colorean plazas y avenidas, mientras el verde del norte salteño disimula las heridas. Pero basta poner un pie sobre sus calles para descubrir otra realidad: la de una comunidad que convive diariamente con la inseguridad, el deterioro de los servicios públicos y una dirigencia política que parece más preocupada por sus propias disputas que por ofrecer respuestas.

La pregunta comienza a repetirse entre vecinos, comerciantes y profesionales: ¿cómo llegó Tartagal a este nivel de deterioro institucional?

El departamento San Martín aparece de manera recurrente en las noticias vinculadas al narcotráfico. Procedimientos judiciales, secuestros de cargamentos de droga e investigaciones que incluso alcanzaron a integrantes de las fuerzas de seguridad muestran la complejidad del fenómeno que atraviesa la frontera norte.

A ello se suma una delincuencia urbana cada vez más violenta que modifica hábitos, restringe la circulación y alimenta una sensación permanente de vulnerabilidad entre los vecinos.

La crisis tampoco quedó fuera de la Universidad Nacional de Salta, sede Tartagal. La institución, llamada a convertirse en uno de los motores del desarrollo regional, atraviesa desde hace tiempo conflictos internos, denuncias públicas y enfrentamientos que exceden el ámbito académico.

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