En el último medio siglo, seis selecciones nacionales diferentes de dos continentes lograron consagrarse en los diez mundiales organizados por la FIFA y celebrados en el mismo período: Argentina, Alemania, Brasil, España, Francia e Italia.

Obviamente, todos esos mundiales coincidieron con momentos institucionales particulares en cada uno de esos países, y la consagración futbolística de sus combinados no siempre significó un aval político y social a sus gobernantes, aunque usualmente suele hablarse del “uso político” que los gobiernos dan a los eventos y victorias deportivas en general.

En cuanto a la Argentina, en las dos ocasiones que la selección logró el campeonato global sus respectivos presidentes no se presentaron para renovar sus mandatos y, además, sus respectivos partidos perdieron las elecciones presidenciales que sucedieron al logro futbolístico.

Raúl Alfonsín, jefe de Estado en 1986, debió abandonar antes el poder debido a la crisis económica y social que sacudía el país y su corriente partidaria, el radicalismo, terminó perdiendo abrumadoramente la elección de 1989 ante el peronismo que llevaba como candidato a Carlos Saúl Menem.

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