Corría el 22 de octubre de 2018, día de su “cumpleañitos”, cuando el entonces columnista y panelista Javier Milei expresaba gráfica e histriónicamente su desprecio visceral por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
La patética escena ilustraba una de las muchas obsesiones del actual Presidente: cerrar el Banco Central, destruirlo, “dinamitarlo” y así eliminar su existencia en una hipotética Argentina anarcocapitalista que incluso ya no tendría pesos sino dólares estadounidenses… Un “paraíso” que ilusionó a millones de jóvenes —principalmente— que hoy siguen obteniendo sus escasos ingresos —cuando los tienen— en moneda nacional.
Pretendía sumar a la Argentina al puñado naciones sin Banco Central: Panamá, Andorra, Mónaco y pequeños países insulares como Palaos, Micronesia, Kiribati, Nauru (considerada la república más pequeña del planeta), Tuvalu (cuya población no llega a 10 mil habitantes), Isla de Man (dependencia autónoma del Reino Unido) y las Islas Marshall (que obtuvo su independencia de los Estados Unidos recién en 1990).
Finalmente, en casi tres años como jefe de Estado y a pesar de las reiteradas promesas, no pudo o no quiso hacerlo: la entidad rectora de las políticas monetarias de nuestro país sigue en pie y además el mandatario promete seguir “fortaleciendo” el peso frente a un dólar contenido artificialmente a costa de una economía real que, sumando el brutal ajuste, se cae a pedazos.
