SALTA (Por Julio Casanova para Voces Críticas) Un papelón que quedará en los anales de la política local fue protagonizado por el senador por la Capital, Roque Cornejo, quien intentó ganar protagonismo frente a la ministro de Capital Humano de la Nación, Sandra Pettovello, desmereciendo la presencia del gobernador Gustavo Sáenz

Evidentemente, Cornejo, desconoce el orden jerárquico institucional y también el lenguaje corporal porque quedó evidenciado en los videos su actitud de vasallaje frente a la autoridad nacional. Es que hay escenas políticas que duran apenas unos segundos y, sin embargo, explican mucho más que un discurso de dos horas.

Como se sabe, el episodio ocurrió en Campo Quijano, durante el acto por la llegada del Tren 25 de Mayo, donde el senador Roque Cornejo hizo un esfuerzo bastante visible por no concederle demasiada importancia a la presencia del gobernador Gustavo Sáenz. Un gesto, que en política nunca es solamente un gesto, sino como en esta caso resultó una lápida.

Tanto así que hubo de intervenir la propia Sandra Pettovello, recordándole a Cornejo que al gobernador había que saludarlo y, para que no quedaran dudas, agregó que quien maltratara a Sáenz tendría que vérselas con ella.

Fin de la escena… ¿Fin?

No. Porque allí recién ahí comenzó la política ya que lo ocurrido en Campo Quijano puede leerse como una pequeña parábola sobre uno de los problemas que comienza a atravesar a La Libertad Avanza en Salta: la diferencia entre tener poder y tener poder propio.

Prueba de esto es que días posteriores a esas elecciones, cuando algunos medios hicieron encuestas callejeras a los salteños, la pregunta fue: ¿Usted lo conoce al senador Roque Cornejo? La respuesta en todos casos fue “No”. La siguiente pregunta y su respuesta delinearon claramente el panorama: ¿A quién votó? “A la Libertad Avanza”. De allí la afirmación del poder prestado de Cornejo. 

La diferencia sustancial e irrebatible es que el gobernador, Gustavo Sáenz, fue votado por el pueblo. 

Hay que recordarle al senador Roque Cornejo, que existe una regla bastante antigua de la política: el poder prestado dura mientras dure el préstamo.

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