SALTA (Por Franco Alvarado para Voces Críticas) Hay veces en que la política se escribe sola. No hace falta agregarle demasiada literatura porque -alcanza con mirar la escena. El pasado día sábado, La Libertad Avanza reunió a su tropa en el Hotel Alejandro, uno de los establecimientos más exclusivos -y ciertamente no de los más populares- de Salta. Hasta allí, podría decirse, nada extraordinario: cada partido elige dónde reunirse y cada dirigente sabrá qué escenografía necesita para sentirse importante.

El problema empieza cuando se recuerda que estamos hablando de una fuerza que hizo de la libertad su principal bandera, que llegó a la política denunciando privilegios, castas, elites y distancias entre la dirigencia y la gente.

Porque mientras adentro se hablaba -o se suponía que se hablaba- de libertad, afuera había vallas para impedir el acceso de los “no acreditados”, pero particularmente para mantener a la prensa a distancia.

Pero el asunto no termina allí. Porque también habría que preguntarse qué clase de mensaje político pretende transmitir una fuerza que aspira a ser popular cuando elige como escenario para su encuentro uno de los hoteles más caros y exclusivos de la ciudad.

No es una cuestión de precios ni de estrellas hoteleras. Es una cuestión simbólica porque la política también habla por los lugares que elige.

Y si se pretende representar al ciudadano común, al trabajador, al comerciante, al emprendedor, al que todos los meses hace malabares para pagar impuestos, servicios y llegar a fin de mes, quizá no resulte demasiado feliz la imagen de una dirigencia reunida en un ámbito que parece diseñado precisamente para marcar distancia con ese ciudadano.

Y allí la escena se vuelve todavía más desangelada.

Porque una fuerza que se presenta como protagonista de una nueva batalla cultural debería ser capaz de ofrecer algo más que consignas, alineamientos y liturgias internas al son de la música de Village People, característica de los actos del presidente norteamericano. Si hasta aquello parecería un acto de vasallaje ante el imperio de las barras y las estrellas.

La política no se renueva solamente cambiando los nombres de los dirigentes. Se renueva cuando aparecen ideas capaces de interpretar una sociedad que cambió. Se renueva cuando existe una visión de provincia y cuando alguien puede explicar qué quiere hacer con Salta dentro de cinco, diez o veinte años.

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