SALTA (Por Franco Alvarado para Voces Críticas) La condición humana puede proporcionar ejemplos sublimes de conducta o también deplorables actitudes que muestran que detrás de títulos y honores, en realidad, se esconden seres muy pequeños.

La política tal vez sea el terreno más fértil para demostrar todo esto, porque hay políticos que llegan a una banca y comienzan a creerse importantes. Hay otros que llegan a una banca porque ya se creían importantes. Y después está Roque Cornejo.

Lo suyo parece pertenecer a una categoría antropológica diferente: la de aquellos que confunden la representación del poder con la posesión del poder.

Además, juega el hecho de que Salta es una provincia pequeña. Demasiado pequeña, acaso, para ciertas soberbias. Aquí nos conocemos casi todos. Sabemos de dónde viene cada uno, qué hizo antes de llegar, quién lo acompañó, quién lo ayudó, quién le abrió una puerta y, sobre todo, quién empezó a caminar como si hubiera nacido con la puerta incorporada.

Tan pequeña que hasta los apodos se conocen, y resulta sintomático que la supuesta líder de La Libertad Avanza -Emilia Orozco-, se pavonee con su melenudo perro “Coco”, mientras -dicen- el apodo de Roque Cornejo sería “Coquito”. Por definición, no podemos menos que preguntarnos: ¿Es acaso, Cornejo, el perrito faldero de la Orozco?

Notará el lector que estamos ante un razonamiento de pura y cruda lógica, privado de toda animosidad, pues la lógica es como las matemáticas (de hecho es matemática) y en ese campo uno más uno, siempre da dos.

Por eso resulta difícil no sonreír cuando algunos personajes como este Roque Cornejo, recién llegados a la política adoptan esa solemnidad de estadistas que normalmente requiere varias décadas de servicio público.

En efecto, Roque Cornejo tiene una soberbia que, si fuera patrimonio, debería pagar impuesto inmobiliario. Ni Carlos III de Inglaterra parece tan convencido de haber sido elegido por la Providencia para ocupar un lugar en la Historia.

Pero dejemos la cuestión personal, porque sería demasiado fácil escribir una nota contra la soberbia de Cornejo. Lo verdaderamente interesante es preguntarse qué hay detrás de ella.

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