SALTA (Redacción Voces Críticas) La resolución de los comicios internos del PRO en Salta, que concluyó con un período de nueve años bajo administración externa, no solo reconfiguró el tablero político local, sino que además generó inmediatos cimbronazos en la estructura central del partido en Buenos Aires. Las repercusiones escalaron luego de que el secretario general a nivel nacional, Fernando De Andreis, saliera públicamente a respaldar los resultados que consagraron a la nueva conducción salteña.

El dirigente nacional utilizó sus plataformas digitales para enviar un mensaje de salutación a la nómina ganadora que comandó María Eugenia «Cocó» Varela, celebrando el veredicto de las urnas del último fin de semana. No obstante, el saludo institucional se transformó rápidamente en un duro cuestionamiento hacia el comportamiento de importantes referentes nacionales de la fuerza, a quienes acusó de intentar interferir de manera indebida en la autonomía del distrito norteño.

Las críticas del dirigente apuntaron de lleno contra la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y el exjefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. A criterio del secretario partidario, la intromisión de ambas figuras mediante apoyos explícitos a la lista opositora representó un ensayo de centralismo que terminó siendo desestimado por el voto de los afiliados salteños.

En este sentido, el directivo consideró que la injerencia de la funcionaria nacional fue mucho más profunda y directa que la del exmandatario porteño. El dirigente macrista fundamentó su posición explicando que, mientras el dirigente de la Ciudad de Buenos Aires se limitó a convalidar la trayectoria de uno de los postulantes salteños, la actual ministra del gabinete nacional cruzó una línea al solicitar de forma explícita el sufragio en favor de la propuesta que terminó derrotada.

Estas rispideces vuelven a exponer de forma nítida las profundas diferencias que todavía resquebrajan la convivencia en la cúpula del PRO, en un escenario general donde las distintas facciones debaten su identidad entre la fusión con la gestión de Javier Milei o la preservación de la autonomía partidaria.

Por lo pronto, la victoria ratificó el liderazgo de Varela, quien asumirá la conducción formal de un espacio que durante casi una década careció de autoridades elegidas por las bases locales y dependió de directivas centralizadas.

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