SALTA (Redacción Voces Críticas) Los incendios forestales que castigan a las zonas de bosque nativo en Cafayate demandan un esfuerzo sin precedentes por parte de los equipos de emergencias. En las últimas horas, un frente unificado compuesto por brigadistas de ese departamento, de la provincia de Salta y de organismos nacionales logró estabilizar el perímetro, logrando que la situación actual se encuadre como contenida, a pesar de que el factor climático representa una amenaza constante.
El jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cafayate, Gabriel Domingo, precisó que actualmente las cuadrillas se encuentran concentradas en extenuantes tareas de enfriamiento del suelo, remoción de cenizas y ensanchamiento de las líneas de defensa. Estas maniobras estratégicas buscan asegurar que las fuertes ráfagas de viento registradas en la región no propaguen brasas hacia sectores que lograron salvarse de la quema.
Para afrontar esta emergencia de gran escala, el operativo sumó el apoyo clave del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, que envió dos aviones hidrantes para trabajar de forma coordinada con la Brigada Forestal y los cuarteles locales. El jefe de bomberos remarcó la importancia de este soporte técnico al señalar que es un hecho inédito para el municipio contar con dos aeronaves operando en simultáneo en el territorio.
De todas formas, el especialista advirtió que la presencia de tecnología y equipamiento pesado no siempre es garantía de un éxito inmediato en contextos rurales. Si bien disponer de mayor cantidad de autobombas y puntos de abastecimiento hídrico otorga una ventaja logística fundamental, las inclemencias del tiempo, especialmente los vientos cambiantes y de gran velocidad, imponen límites físicos insuperables a la hora de combatir los focos activos.
El impacto humano de la catástrofe ambiental se evidencia de forma dramática en la salud física y mental de los servidores públicos. Domingo reveló la alarmante sobrecarga que atraviesan los efectivos que están en la primera línea de fuego, señalando que en el transcurso de los últimos dieciséis días hubo operarios que apenas acumularon unas treinta y seis horas de descanso total, arrastrando un déficit de sueño crónico y severo.
