Pasó una semana desde que la gestión de Javier Milei concretara uno de los movimientos económicos y políticos más ruidosos y controvertidos de su mandato: el cierre definitivo de la licitación de la Vía Navegable Troncal (Hidrovía Paraná-Paraguay).
El proceso, que desde la Casa Rosada intentaron maquillar y celebrar como un «hito histórico de transparencia» sin impugnaciones, dejó abierta una profunda grieta de sospechas de corrupción, direccionamiento y un evidente entramado de amiguismo empresarial que apunta de forma directa al riñón del poder libertario. Por esta ruta fluvial ingresa el 80% de las divisas por exportaciones del país y operan más de 60 terminales portuarias.
