La aplastante victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil no solo reconfiguró el mapa político de la región, sino que significó un fuertísimo varapalo para la diplomacia del Gobierno Argentino, y tras la épica remontada, el presidente Javier Milei se tomó varias horas en reaparecer.
En la previa de la reunión de gabinete y ante una Plaza de Mayo prácticamente vacía, el jefe de Estado salió al célebre balcón de Balcarce 50 para mostrar una imagen de forzada euforia junto a su equipo de ministros.
Sin embargo, lo que pretendió ser una muestra de despreocupación institucional terminó convirtiéndose en un espectáculo desconcertante.
Lejos de la templanza y la madurez que exige un escenario internacional adverso —donde el principal socio comercial de la Argentina acaba de ratificar a un gobierno opuesto a su credo ideológico—, Milei optó por recurrir a la provocación adolescente.
